jueves, 8 de agosto de 2019

Lázaro en el museo del fracaso: una colección de fracasos en innovación


Lázaro en el ``Museo del fracaso´´

Una colección de fracasos en innovación.
Victoria Pérez - Jun 13, 2017 - 16:57 (CET)





Ninguno de estos productos tuvo éxito, por eso no los conoce nadie. El museo del fracaso toma todos estos inventos y los muestra al mundo.

El director del museo Samuel West: "Alrededor del 90 por ciento de las innovaciones fracasan."


¿Salsa de tomate Heinz verde? ¿Patatas Pringles sin grasa? ¿Una versión del Monopoly con la imagen de Trump? No es necesario ser un experto para saber que ninguno de estos productos tuvo éxito porque no los conoce nadie.

Museum of Failure, o Museo del fracaso en español, es una colección de los más grandes fracasos en innovación.



La mayoría de los proyectos de innovación fallan, los estudios demuestran que los nuevos productos fracasan con una tasa de entre el 40% y el 90%, dependiendo de la categoría, y que el 47% de las empresas pioneras ha fracasado. Además, estas probabilidades se han mantenido razonablemente constantes en los últimos 25 años. Y este museo toma todos estos fracasos escondidos bajo la alfombra de sus respectivas compañías y los muestra para proporcionar a los visitantes una fascinante experiencia de aprendizaje: el fracaso es normal.

El perfume de Harley-Davidson
La bicicleta hecha de plástico

El Museo del fracaso acaba de abrir este junio en Helsingborg, Suecia. Concentra todo en una sola habitación pero, por dentro, sobra espacio para que el curador, Samuel West, reúna algunos de los desastres comerciales más grandes del mundo, y también algunas cosas que no funcionaron de la manera que se planificó. La mayor parte de la colección ha sido adquirida por él a través de Internet, pero otras veces ha sido donada.


Algunas de las rarezas que concentra son: una bicicleta hecha 100% de plástico, el perfume de Harley Davidson, la lasaña de Colgate, el lápiz para las mujeres o la primera cámara digital —producida por Kodak, en realidad, este último fue un producto de éxito, pero entró en escena en circunstancias desafortunadas. Poco después de que llegara al mercado, Kodak anunció la quiebra—.


La lasaña de Colgate
Bolígrafos de Bic para mujeres

También el hogar de algunos de los dispositivos de alta tecnología, como las sobradamente conocidas por su fracaso Google Glass; o el Apple Newton, uno de los primeros PDA con capacidad de reconocimiento de escritura, considerado un fracaso de Apple en su momento, tras el cual abandonó ese sector, pero que también abrió el camino para los iPhones y iPads que utilizan millones de personas hoy.


Como decía Robert F. Kennedy: “Solo aquellos que se atreven a fracasar a lo grande pueden conseguir grandes cosas”. Aprendamos de ellos en lugar de negarlos.

También hay disponible en Youtube una entrevista en vídeo donde se muestran más de los inventos:

viernes, 21 de junio de 2019

ROBOTS DE CINE

 ROBOTS DE CINE

Reseña del Libro Robots de cine

Virtudes de un título consagrado a la robótica

Lo primero que debemos dejar claro es que Robots de cine no es un libro más para consultar una selección de robots destacados dentro del cine y muchas imágenes, sino que la obra que ha modelado Jordi Ojeda, divulgador de peso y habitual conferenciante en el Salon del Comic de Barcelona o el Festival de Sitges, va mucho más allá. Con una acertada arquitectura, a lo largo de sus 34 capítulos, precedidos por un prólogo firmado por Kike Maillo (Eva, 2011) y completados por un preámbulo y un epílogo firmados por el propio autor, Robots de cine nos sumerge en un recorrido por la historia de los robots que transciende lo puramente cinematográfico. Porque en sus páginas vamos a encontrar un frondoso árbol de conceptos para que el autor, que de esto de robótica y automatización entiende un rato, nos enseñe, de paso, conceptos básicos sobre el universo de los robots. Sus diferentes clases según el servicio para el que fueron concebidos, los diferentes tipos de robots en función de los materiales usados en su creacción o su clasificación según sea su apariencia más o menos humana (bendito valle inquietante…) están recogidas y categorizadas a lo largo de la lectura. Igualmente, en este viaje por sus múltiples fácetas no se olvida la obra de analizar la robótica también desde su vertiente como complemento, ya sea para mejorar el cuerpo humano, ya sea para directamente para suplir o sustituir defeciencias o pérdidas irreparables. Con todo, el extenso arco de la robótica del libro presta atención a los robots como máquina, como organismo artificial, como elemento invasor dentro de nuestra propia biología o como elemento totalmente externo (exoesqueletos).
Y como Jordi Ojeda dirigió en 1997 un proyecto científico de divulgación que se servía de los cómics y la literatura (amén del cine fantástico) como instrumentos didácticos, el lector se encontrará de regalo con un repaso también por la literatura de género y los autores que alumbraron las novelas y los relatos cortos que han servido de punto de partida para la mayoría de los mejores títulos del cine de ciencia ficción, aquellos que ya sea utópica o distópicamente, guardan un papel destacado a la robótica y a inteligencia artifical en su relato. Ray Bradbury, Robert A. Heinlein, Arthur C. Clarke, Stanislaw Lem, Philip K. Dick, el ochentero William Gibson (Impulsor del ciberpunk con su mítica Neuromante) o Asimov con sus ya indispensables leyes robóticas pueblan y habitan en las páginas de Robots de cine, ya sea de manera directa o como fuente referenciada de las decenas de títulos cinematográficos que beben de la visionaria imaginación de estos escritores.
Robots de cine
Cerca de 400 películas (que se dice pronto) y casi 70 series conforman el repaso, y será muy complicado para el lector echar de menos algún título, pues la organización de la información facilita que al autor no se le pase nada por alto en su completo recorrido por casi un siglo de cine, desde que María, el primer robot de la historia del cine elevase Metrópolis (Fritz Lang, 1927) al nivel de clásico instantáneo. Desde entonces, los robots como reflejo de tensiones políticas, como reflejo de nuestros miedos, como productos del delirio de perversos doctores que juegan a ser Dios, como secundarios y también como protagonistas… Pero siempre, como pertubadores emisarios de la conciencia humana, de nuestras limitaciones y de nuestros miedos. Y así hasta nuestros días, en los que poco a poco el progreso de la robótica está validando lo que la ficción ya lleva adelantando muchas décadas. En la era de los drones, de los bots y los nanorobots, de la realidad aumentada o de la virtual y de la cada vez menos lejana cultura del transhumanismo quizá deberíamos de empezar a plantearnos elevar el subgénero y reconocerle por fin el puesto que merece dentro de la historia del cine. Del pasado, del presente y del futuro. Sin complejos.
Y todo, como ya hemos señalado, expuesto de una manera tan virtuosa que cuando el lector acaba la lectura se da cuenta de que que en vez de haber aprendido sobre el cine a través de los robots, lo que probablemente haya pasado es que ha aprendido sobre robótica gracias a los ejemplos ilustrativos del cine. Un acierto maestro, y totalmente arrebatador.
Una compra obligada para todos los lectores en general, y para todos los fans del cine de ciencia ficción en particular.
Alfonso Caro

sábado, 15 de junio de 2019